En la Fiesta de la Presentación del Señor al Templo, se congregaron en la unidad por el Espíritu Santo: Canónigos, Capellanes de Coro, Religiosas, Religiosos y fieles del pueblo de Dios en la Casita Sagrada de la Morenita del Tepeyac al encuentro de su Hijo Jesucristo en la Fracción del Pan.

El Rector del Santuario de Santa María de Guadalupe Mons. Salvador Martínez Ávila dirigió su reflexión con especial atención y cariño a los hermanos y hermanas de la Vida Consagrada, explicó que la festividad en la que la Virgen María y san José cumplieron con el precepto como lo dice el Evangelio “de poner delante de Dios Nuestro Padre a su Hijo Primogénito para consagrárselo”.

Relató que el Profeta Malaquías habla de la irrupción de Dios en este mundo, de la entrada, llegada rápida y sorpresiva de poner al descubierto toda la bondad y toda la maldad de la humanidad sea individualmente o comunitariamente, señaló que Dios irrumpe para purificar, como lo subraya el profeta.

Consideró que “el mundo en que habitamos” está lleno de contradicciones, de claro oscuros y quienes en obediencia al llamado de Dios han ingresado a la Vida Religiosa y una vez que han madurado su vocación “no se fundamentan en huir o escapar de este mundo”.

Agregó que en el proceso purificador de la formación, Dios les hace ver que la razón de consagrarse a Él no puede ser el temor o la pusilanimidad frente al mal del mundo, “Dios entra, irrumpe con fuerza, más no violentamente”, aseveró.

Manifestó que la Vida Religiosa nunca estará de moda pero “¡Ay de nosotros si por nuestra tibieza lo convertimos en algo irrelevante” destacó que Jesús no brilló por muchos años, El Señor, --dijo-- creció en estatura, sabiduría y gracia delante de Dios y en el momento oportuno cumplió su misión.   

Finalmente, expresó que el culmen de la vida consagrada es cuando aquellos que “nos ven morir, dicen esté era un hijo, está era una hija de Dios” animó a pedir al Señor en esta fiesta la gracia de la irrupción de su presencia en donde “quiera que Él nos ponga para mayor gloria de su Nombre y bien de los que Él ama”.