Biblioteca Teológica "Lorenzo Boturini"
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HISTORIA

Si no conservamos los archivos de ahora, no tendremos historia el día de mañana, escribió el padre Luis Medina Ascencio, S. G. Canónigo de la Basílica de Santa María de Guadalupe.

La biblioteca “Lorenzo Boturini” cumple 70 años de vida activa, en lo que ha servido de enlace entre los investigadores y la Iglesia; pero podría afirmarse que sus antecedentes se remontan varios siglos atrás, ya que se fue organizando paulatinamente, desde que esta Venerable Institución se fundó.

Recordemos que Nuestra Señora de Guadalupe se apareció en 1531 y su culto comenzó enseguida, según lo muestra la tradición oral y escrita, plasmada tanto por el primer escritor guadalupano Miguel Sánchez, con su libro Imagen de la V. María Madre de Dios de Guadalupe, en el año de 1648, como en las informaciones de 1666, 1722 y 1723, o bien el Nican Mopohua, que describe de forma poética las apariciones al venerado Juan Diego, a lo que se suman miles de escritores que, por su gran amor a la Virgen, escribieron y recrean, hasta hoy, la historia guadalupana. También hay que considerar que, a partir de la construcción de la primera ermita a la Virgen, poco a poco, se fueron generando documentos, libros, folletos y revistas, entre otros, que fueron resguardados en un archivo documental y bibliográfico, primero manuscrito y después impreso, que conforman un acervo que, hasta el día de hoy, continúa ofreciendo un gran apoyo a los investigadores, quienes convencidos de la grandeza de Nuestra Señora le dedican su trabajo bibliográfico y escriben obras literarias, en todos los niveles, para difundir el portento guadalupano.

En 1941, la biblioteca “Lorenzo Boturini” se localizaba en la antesala del Salón Capitular, en la parte superior trasera de la sacristía de lo que ahora se denomina de forma coloquial como Basílica Antigua, cuyo nombre correcto es “Templo expiatorio de Cristo Rey”. Como ya se apuntó, además de libros, albergaba el Archivo Histórico y también custodiaba el importante Archivo Musical.

A partir de 1964, los diversos encargados de la biblioteca continuaron acrecentando el acervo documental guadalupano, así como el histórico, lo que ha permitido alcanzar al día de hoy más de 22,000 volúmenes.

Por esa misma década, de los años sesenta, el señor Abad Guillermo Schulemburg elogió la idea de que la Biblioteca se llamara “Lorenzo Boturini Benaducci”, porque reunió un acervo muy importante para engrandecer y dar gloria a Nuestra Señora de Guadalupe; por ejemplo, en uno de sus informes asentó: “…este año hemos seguido en forma metódica la actualización de la biblioteca… principalmente con los libros que están relacionados con el Fenómeno Guadalupano…” y en un documento posterior mencionó que, en el año de 1971, se adquirieron los cinco tomos del Talmud de Babilonia, edición de especial valor y de la que, en la Ciudad de México, sólo hay otros ejemplares más en la Biblioteca Nacional de México y en el Seminario Conciliar.

La biblioteca fue trasladada al quinto piso de la nueva Basílica de Guadalupe, en 1984, con lo que se reestructuró su funcionamiento al independizarse las áreas de Archivo Histórico y Archivo Musical.

Entre sus colecciones destacan los siguientes temas: Las Sagradas Escrituras y Patrología, Decretos y Concilios, Teología, Mística, Derecho Canónico, Historia, Literatura, Filosofía y literatura guadalupana.

Por otro lado, la biblioteca está conformada por una estantería mixta; es decir, parte de su acervo se encuentra resguardado en anaqueles cerrados, donde se localiza el mayor porcentaje de la colección guadalupana, mientras que el resto se encuentra al alcance de los usuarios.

Debido a razones de seguridad, y por ser una biblioteca especializada, que resguarda libros únicos, de enorme valor histórico y religioso (por ejemplo obras de los siglos XVI y XVII, entre otros), la biblioteca no proporciona el servicio de préstamo a domicilio. Tal circunstancia limita la investigación a la sala de consulta, pero en caso de requerirse, se pueden proporcionar digitalización o fotocopias de los libros, para lo cual se necesita la aprobación del director.

Por último, cabe señalar que los diversos bibliotecarios encargados del área se impusieron la tarea de estar actualizados respecto a la catalogación del acervo, para facilitar y agilizar la consulta de todos los usuarios, que cubren un amplio espectro, dentro del que se incluyen tanto especialistas como estudiantes de los diferentes niveles escolares, así como amas de casa, fotógrafos o representantes de los medios de comunicación, por mencionar algunos.

Algunos sacerdotes que han estado al frente de la biblioteca: canónigo Jesús García Gutiérrez, canónigo don José de Jesús Amezcua, canónigo don Héctor Rogel Hernández, canónigo don Esteban Martínez de la Serna, M.G. Pbro. Jesús Riaño Delgado y actualmente el canónigo Dr. Gustavo Watson Marrón.

Y por otra parte están las personas seglares que han colaborado con los sacerdotes para el buen funcionamiento.

Gracias a todas las personas que trabajaron arduamente para lograr un buen funcionamiento de esta biblioteca y gracias especiales para las Srtas. María Magdalena Confesor y Saida Aranda Palacios estudiantes de la carrera de Archivonomía por su amable colaboración en la formación del catalogo de la Hemeroteca mismo que se puede consultar en página de la Basílica de Santa María de Guadalupe

Los papas en los archivos y bibliotecas

Papa Benedicto XIII

Escribió la Constitución Apostólica “Maxima Viligilantia“, el 14 de junio de 1727, respecto a las normas y disposiciones sobre los archivos en Italia.

El Papa León XIII

En 1883 abrió generosamente los Archivos Vaticanos a los investigadores de todo el mundo.

Su Santidad Pío XI, Pío XII junto con el Papa Juan XXIII, cada uno puso especial interés en conservar los acervos archivísticos y bibliotecarios.

Pío XI publicó una carta circular a los Obispos de Italia, el 15 de abril de 1923 para promover la conservación, custodia y uso de los depósitos históricos de la iglesia.

Y en la Constitución Apostólica Pastor Bonus, promulgada en junio de 1988, al definir el papel de la Pontificia Comisión para la Conservación del Patrimonio Artístico e Histórico de la Iglesia, señala que están a su cuidado, "todas las obras de cualquier arte del pasado, que es necesario custodiar y conservar con la máxima diligencia"; respecto a aquellas que no tengan uso, manda allí que se guarden "para su exposición en los museos de la Iglesia o en otros lugares" agregando: "tienen especial importancia todos los documentos o instrumentos que se refieren y atestiguan la vida y la acción pastoral"; el artículo 102 repite que "se establezcan museos, archivos y bibliotecas [...], de forma que [estén] a disposición de todos", correspondiendo a la comisión "trabajar para que el Pueblo de Dios sea cada vez más consciente de la importancia y necesidad de conservar el patrimonio histórico y artístico de la Iglesia".

Los principales documentos que el Papa Juan Pablo II promulgó a través de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia hasta el momento son los siguientes:

1.- Carta circular a los Ordinarios diocesanos sobre la formación de los candidatos a sacerdocio sobre los Bienes Culturales, 15 de octubre de 1992.

2. Carta circular a los Rectores de las Universidades Católicas para el envío de la "Relación sobre las respuestas de las Universidades Católicas respecto a las actividades promovidas con relación a los bienes culturales de la Iglesia", 31 de enero de 1992.

3.- Carta circular La función pastoral de los archivos eclesiásticos, 2 de febrero de 1997.

4.- Carta circular Necesidad y urgencia del inventario y catalogación de los bienes culturales de la Iglesia, 8 de diciembre de 1999.


Bibliografía:

- Oficina Central Guadalupana, La Voz Guadalupana, ciencia, historia e información, Basílica de Santa María de Guadalupe, 1937-1941.

- Schulenburg Prado, Guillermo; Memorias del “Ultimo Abad de la Guadalupe”, Miguel Ángel Porrúa, México 2003.

- Profesores de Salamanca, Código de Derecho Canónico, Biblioteca de Autores Cristianos edición bilingüe, Madrid, 2005.

- Elaboración: Elvira Araiza Velázquez, Responsable de la Biblioteca.

- Corrección de redacción y estilo: Carlos Alcira B, Investigador del Museo Guadalupano.